1Cortá y fundí la base sin que hierva
Cortá la glicerina en cubos chicos para que funda parejo. Fundila a baño maría o en tandas cortas de microondas (de 20 a 30 segundos), revolviendo entre tanda y tanda. No la dejes hervir: la base se pone espesa, amarillenta y se llena de burbujas.
Como referencia, la mayoría de las bases trabaja bien fundida entre 60 y 70 °C. Si el envase de tu base indica otra cosa, seguí el envase.
2Esencia y color: menos es más
La esencia se agrega con la base ya fundida y fuera del calor. Lo habitual es entre el 1 y el 3 % del peso de la base (10 a 30 g por kilo). Pasarse irrita la piel y puede hacer que el jabón quede blando o turbio.
El colorante se dosifica de a gotas. En glicerina transparente, con muy poco ya tenés un color intenso; en base blanca los tonos quedan pastel.
3Verté y eliminá las burbujas con alcohol
Volcá la base en el molde despacio. Inmediatamente después, rociá un poco de alcohol sobre la superficie: revienta las burbujas chicas antes de que se sellen al enfriar. Es el truco más efectivo para que la cara del jabón quede lisa.
Si vas a hacer capas de colores, rociá alcohol también sobre la capa ya fraguada antes de volcar la siguiente, para que se peguen entre sí.
4Desmoldá cuando esté completamente frío
Dejá enfriar a temperatura ambiente entre una y dos horas según el tamaño. Con los moldes de mucho relieve, unos minutos en el freezer justo antes de desmoldar ayudan a que el detalle salga entero.
Doblá el molde desde los bordes y empujá desde la base. Si el jabón se resiste, todavía está tibio en el centro: esperá más.
5Envolvé los jabones: la glicerina "suda"
La glicerina atrae la humedad del ambiente y forma gotitas en la superficie. En Uruguay, con la humedad que tenemos buena parte del año, esto pasa en uno o dos días si el jabón queda al aire. Envolvelo en film apenas esté frío para que llegue prolijo a quien lo use.







